Te marchaste una mañana de domingo, después de mucho pelear por la vida.

Tu animo y tu fortaleza te hicieron seguir adelante.

Tu optímismo y tu valentía ante los acontecimientos, te hicieron continuar, sin decaer en un solo momento.

Aún en los peores momentos, sacabas fuerza de flaqueza.

Animando a los que te querían, cuando eras tú la que necesitaba nuestro ánimo.

Te llevaré siempre en mi corazón, aunque ya no estés aquí.

Allá donde estés, pensaré que estarás mejor que con nosotros.

Mis lágrimas no te devolverán, pero desde donde estés, seguro que estás sonriendo.

¡Que sola me siento sin tí! ¡Que vacío tan grande dejas!

Aprenderé a vivir sin tí, aunque siempre te lleve conmigo.

Pero allá donde te encuentres, no te olvides de mí.

¡¡Te quiero, mamá!!