Hay que practicar el respeto hacia uno mismo, escuchar nuestros sentimientos y actuar en consecuencia. También hay que poner en práctica el respeto de los demás hacia uno.

No debemos dejar que el miedo impere en nuestras vidas y nos obligue a soportar actitudes o acciones que al final nos pasarán factura.
Hay que tener el valor de enfrentarnos siempre a aquellas situaciones que consideremos humillantes cuando éstas se producen, de lo contrario el que las crea nos perderá el respeto.

Respetarse a uno mismo es el acto de amor más grande que podemos hacer para con nosotros y también para aquel que nos haya ofendido. Cuando alguien, ya bien sea nuestra pareja, jefe o amigos se atrevan a desafiarnos es porque antes ha sentido que nosotros mismos no nos respetamos.

Debemos recordar que lo que proyectamos inconscientemente, nos vuelve desde fuera.