Detenerse a lo largo del camino y hacer una parada de vez en cuando, no viene nada mal. Pensar si el camino escogido es el acertado o no.

Mirar las flores que hay alrededor y observar de que color son. A veces caminamos sin darnos cuenta de donde vamos pisando y sin observar el paisaje, y nos vamos perdiendo lo mejor. Las montañas que van creciendo a nuestro paso, a penas sabemos que existen, los riachuelos ni los vemos y a veces, hasta nos mojan los pies.

Podríamos estar en un mundo como el de Alicia en el país de las maravillas...pero para nosotros es como en el de Pulgarcito. Todo puede ser magico, pero si no lo descubrimos y nos detenemos, puede llegar a ahogarnos por sus dimensiones y hasta perdernos en él.