A veces las situaciones nos absorven tanto, que no nos dejan espacio para nosotros, y dejamos de ser uno mismo, sin vida propia casi, para convertirnos en un laberinto del cual no sabemos salir.

Es necesario, pararse a pensar y retomar la vida que uno quiere llevar realmente. Dejarse llevar por los acontecimientos, lo único que hace es conseguir un desgaste continuo, inútil, que a veces no nos deja ser nosotros mismos.


La vida es muy corta y saber valorarla como deberíamos, no siempre es fácil. Entregarnos demasiado a los demás, a todo cuanto nos rodea, al final no nos deja tiempo para nosotros, y podemos tener una sensación de impotencia enorme.

Primero tenemos que querernos a nosotros mismos, pero para conseguirlo necesitamos tiempo para nosotros, aunque no siempre se consigue por no saber decir un NO a tiempo.

Hace algún tiempo, me pasó lo que os estoy contando y lo he querido exponer como ejemplo para todo aquel que se sienta reflejado por alguna situación que le pueda pasar en la vida.

El saber frenar a tiempo, puede ayudar a no derrapar en una curva y por tanto a salvar una vida, la nuestra.

(En este enlace os dejo lo que a mí me ocurrió hace casi un año)

ENLACE