No vemos las cosas como son, las vemos como somos. Percibímos el mundo a través de un tamiz de emociones, experiencias e ideas, que forma el esquema de valores, esa estructura moral invisible que manda en nuestro comportamiento. La religión, el respeto a los mayores o la devoción por el teatro son valores; como lo son el machismo o la superstición. Los valores están tan enraizados que a menudo ni si quiera los apreciamos, pero dirigen la vida de personas y grupos. Un valor como el honor puede desencadenar un crimen, en nombre de dios se declara una guerra o la resignación ante el destino impide rebelarse contra la explotación.
El paso del tiempo puede modificar los valores, igual que los transforman las modas sociales. Hace una década, en España, lo más deseable era el dinero y el éxito en los negocios y los modelos eran los financieros súbitamente enriquecidos, a los que se les nombraba doctor honoris causa antes de meterlos en la cárcel. Hoy, las posesiones no dejan de tentarnos, pero al menos lo hacen de modo menos escandaloso. Nuestros valores comunes, sin embargo, no son precisamente modélicos. Vivimos hacia adentro, defendiendo lo conseguido. Quizá lo fomente la sociedad: las familias son pequeñas, a veces desestructuradas, el mundo que muestra la televisión es más amenazante que nunca y todo eso nos hace tener miedo a compartir. A menudo, nuestros valores se limitan a ser un trabajador honrado y a querer a la familia, y eso nos parece más que suficiente.
Pero en otros tiempos no muy lejanos las personas han entendido el mundo de otra manera. Esta pequeña historia es un ejemplo. Una tarde ardiente de agosto de 1942, llamó a la puerta de la casa de mi abuelo un chico tembloroso y famélico. "Buenas tardes - dijo -, me llamo Jaciento, soy de Urda". Vestía dos pantalones, uno sobre otro, para tapar los rotos y en su voz y en su mirada cabía toda la desoalción del mundo. "Mi madre murió hace unos meses y no tengo a nadie; me han dicho que ustedes son parientes lejanos míos, mis únicos parientes".
En unos segundos se toman decisiones trascendentes si uno tiene claros sus valores. Mi abuelo los tenía, era un hombre cabal, como solía decir él de otros. Su respuesta fue rotunda: "Pasa muchacho, ésta es tu casa" y Jacinto fue un hijo más, el noveno. Al lado de atemorizados, egoístas y tibios, siempre ha habido también gente de una pieza.

Espero que te pueda comentar este articulo por que con el otro no pude. Quiero decirte que de nosotros somos los responsables de conservarnos de una sola pieza. Yo creo que los dobleces los hacemos nosotros mismo y todo depende del caracter y no podemos hecharle la culpa ni a la sociedad, ni a la multimedia.
Son de una pieza mis besitos gordos para tí.
Hola, al fin pude entrar! Veamos... creo que mis valores son de los antigüitos, jajaja... están muy arraigados pero estoy modificandolos... o mejor dicho...mejorandolos?... un poquitín solamente.
Besos.
Muy buena reflexión que espero sirva para algo más que leerlo y seguir haciendo lo mismo. Un saludo.
Me ha gustado...
Es cierto que se vivie defendiendo lo conseguido, poco generosos somos...
El día de tu cumple te dejé en mi blog una pluma para tus alas. Está en Miscelanea, no sé si lo viste.
Un beso.
SOY NUEVA POR ESTOS LARES, PERO PERCIBO QUE AL IGUAL QUE YO HAS PASADO ALGUN BACHE Y K GRACIAS A EL, HAS CRECIDO, COMPARTO TUS PENSAMIENTOS Y TUS IDEAS, O IDEALES, TE VOY A LEER PORQUE ME HAS ENCANTADO, ANGELSINALAS, SUERTE Y UN PLACER.
No creo que ser machista sea valor de nada.
Por lo demás de acuerdo con tu reflexión.
Hay personas de una pieza aunque sean menudas y otras que son menudas piezas.
Buenas noches.
Creo que muchas veces la voragine de la vida no te permite pensar claramente y se toman decisiones equivocadas que si nos tomaramos el tiempo para pensar las opciones no tomariamos ese camino.
Es verdad que todo el entorno influye, es inevitable, somos lo que nos ha influido y enseñado nuestra familia, nuestros colegios, universidades, amigos, entorno de trabajo.
Pero tambien depende de nuestra voluntad y nuestra entereza mantenernos firmes a nuestros valores y creencia.
Percibimos el mundo como lo aprendimos a hacer. Muchas veces, ni siquiera razonamos lo que vemos. Nos conformamos con "tirar de lo aprendido", así sin más. Cuando nos detenemos un rato a pensar, algunas veces ocurre que descubrimos pequeños matices que hacen que cada situación la veamos muy diferente a cómo la percibíamos "viéndolas con lo aprendido".
Muy bonita esta historia que nos cuentas de tu abuelo. Dice mucho de él, y también de ti. Es agradable saber que hay personas así.
Te mando un beso.
Pues creo que a mi me gusta ver el mundo a través de la gente que quiero, a través de la gente que admiro. Quiero decir, normalmente esa gente que quiero y admiro tienen unos valores que para mi son muy importantes...¡hala! ya me he liado intentando explicarme!...Pero seguro que te has hecho una idea :)
Besos
Pues estoy totalmente de acuerdo en que los valores intrínsecos de una persona son algo importantísimo. Tanto, de hecho, que te pueden ayudar a encontrar un alma gemela para compartir ilusiones.
Un beso