Jamás pensé que pudiera olvidarme de él, pero cuando lo tuve delante, me dí cuenta que era un extraño para mí. Sus palabras no me decían nada, sus gestos eran impasivos y su voz estaba, tan lejos...
Me estaba comunicando que se casaba y la que se encontraba, al fín, felíz, era yo. Ya no estaba en mi vida ni en mi corazón...yo era libre...más libre que nunca...más feliz que nunca.
Lo escuché, con la serenidad que dá la paz con uno mismo y con la tranquilidad de saber que ya nada te altera...después de su larga verborrea, se me pasaron miles de preguntas por la cabeza...no las hice...él solo las contestó.
Parecía una charla entre dos viejos amigos...pero sabíamos que en el fondo, no lo eramos...creo que a él se le olvidó en algún momento. Hay cosas que no se deben contar de tu pareja, ni a tu mejor amigo...pero a mí ya no me importaba nada de lo que contase. Lo encontré, pese a su inminente enlace, vacío y carente de sentido...me ví a mí, mucho más plena en todos los aspectos...supe en esos momentos, que yo había cerrado una etapa de mi vida para siempre y me sentía satisfecha con la opción que había elegido para vivir...por él no puedo hablar...pero tampoco me interesa ya. Le desee toda la felicidad del mundo...y lo hice de verdad, como suelo hacer las cosas. Y hoy que es el día que se casa, allá donde se encuentre, le deseo lo mejor.