" Quien canta, las penas espanta", afirma con fundamento un dicho motivador. Pero si se modifica un poco, desplazando la coma un par de palabras, se verá que "quien canta las penas, espanta" también tiene mucho de cierto, aunque menos optimista. ¿Qué hacer con nuestras penas? ¿Las cantamos para ahuyentarlas o si lo hacemos quizá ahuyentemos a los confidentes? Desahogarse es útil, pero hacerlo como costumbre seguramente no es tan bueno. La intimidad, esa sutil protección del yo tan genuinamente humana como el lenguaje, la ética, la creatividad o la sonrisa, no debe tener las puertas abiertas para cualquiera. A menudo, el que se desahoga un día, se arrepiente de haberlo hecho al día siguiente.
Las confidencias no son siempre un acto de confianza compartida con alguien querido; a menudo, al desahogarnos sólo buscamos aprobación y justificación; otras veces no son más que presunción camuflada. Por definición, una confidencia nunca se destina a su protagonista: al amigo se le cuentan los problemas de la pareja; a la pareja, los problemas de la familia; a la familia, las complicaciones con los amigos. A veces, los secretos se cuentan al primer desconocido con quien se pasan unas horas de viaje.
Los extremos en la comunicación no interesan. Ni es bueno ser un encerrado en sí mismo, un militante de la soledad, ni un hablador indiscriminidado, que más que confidente es indiscreto y que suele contar historias ajenas enredadas en la suya. Desde luego hablar es necesario, liberador y saludable. Eso lo sabemos bien las mujeres, más conversadoras que hombres, que no sólo contamos los sucesos, sino que nos implicamos sentimentalmente en ellos. Pero no debe olvidarse que una confidencia puede vincular, encadenar y establecer relaciones de dominio entre dos personas, igual que puede distanciar a los confidentes y enfriar una relación irreversiblemente. Conocer un secreto ajeno o descubrir uno propio es un acto que encierra tanta emoción en el presente como peligro en el futuro.
Los expertos sugieren esto: analizar los problemas antes de contarlos; saber qué es lo que se pretende cuando uno se propone hablar con un amigo; porcucar que el confidente sea el que nunca nos haya jugado una mala pasada y, finalmente, reservar un poco de información, sin desnudar totalmente la intimidad. Son consejos valiosos, prácticos, prudentes...que, si se me permite la confidencia, diré que yo pocas veces sigo.
15 comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados
« AYUDAR NOS HACE SENTIR MÁS ÚTILES Y MEJOR PORQUE... | Inicio | ESTRATEGIAS PARA VOLVER A INTEGRARTE EN UN GRUPO SOCIAL DIVERTIDO »

Vínculos medios. Se crean con los amigos íntimos, con quienes tenemos confianza y les hacemos confidencias. La amistad es vulnerable a las ofensas morales y, cuando se rompe, es para siempre..........
Como siempre muy hacertado besitos angelito ;)
ANGEL
Gracias por tu comentario. Sentí que entendiste a la perfección la intencion de mis posts. Depuración es la palabra justa.
Un beso amiga
B
Muchas veces se confia en los amigos y termina una siendo traicionada ami me ha pasado ahora ando con mas cuidado por la vida no ha todos le tengo confianza.........
un beso gracias amiga
Pues sí, a veces yo peco de irme un poco de la lengua... pero confidencias lo que se dicen confidencias, las encierro en un puño.
Me gusta la frase que te inventaste, yo también... siempre contigo.
Muaks!!
Sònia
Muy buen post, muy completito.
Es cierto que después de contar una confidencia yo al menos, me quedo agusto. Pero esto es como todo, hay que llevar cuidado a quién se le cuenta, porque hay veces que personas en las que confías no son en realidad de fiar.Y claro, a veces, son tantas las ganas de desahogarte que no miras con quién lo haces. Y nos puede traer algún problema
También es cierto, que hay veces que contar una confidencia a un extraño que no nos conoce de nada ni conoce a las personas de nuestro entorno, resulta más fácil que a un conocido. ¿Será quizás porque sabemos en el fondo que al no conocer a la gente que conocemos no podrá traicionarnos, que no le irá con el cuento a nadie? ¿o será quizás porque no vamos a tener que volver a verle la cara y por tanto no nos avergonzaremos de que conozca nuestras intimidades?
Un secreto lo puede ser eternamente, con la única condición de que no se cuente nunca a nadie. Es bien sencillo.
E igual que es liberador contar las penas, puede ser divertido y positivo para todos reírse un poco de quien se pasa con las lloriqueos; hay que moderarse.
Buenísimo este post. Enhorabuena. Saludos.
Marycharo
Este post parece hecho a mi medida.
Creo que sabes que estoy haciendo un análisis de mi vida, pero me he quedado "cortada", por qué ? por todo lo que dices en este post.
La pregunta de si debo continuar escribiendo estos artículos no para de pasearme por mi cabeza.
Tienes tanta razón.
Besos
Rosa
Un amigo intimo o la propia madre de uno nunca son buenos confidentes, están implicados en todo el proceso de creación de la confidencia, por lo tanto si hemos llegado hasta aqui, poco más pueden hace. su opinión está condicionada.
Hablo de casos de confidencias en las que se busca ayuda.como alguien que nos escuche, a veces es la mejor ayuda, o que nos oriente hacía vias que no habíamos percibido por nuestra propia intuición.
Para esto creo que recurrir al amigo/amiga menos intimos resulta fundamental.
besitos de cada noche
Llevas razón razón, Susurros. Yo mis confidencias....ya sabes lo que pienso de ellas, y no creo que se las contara a cualquier persona. Tendría que ser alguien muy especial para mí.
Besos tambien para tí, por estar ahí, cada noche.
Estoy de acuerdo, porque a veces necesitamos desahogarnos, pero puede ser contraproducente: tal vez sea un buen remedio alternativo coger un papel y un bolígrafo y escribir lo que sentimos...una vez que hemos conseguido sentirnos mejor, es fácil romperlo, o archivarlo, como mejor nos parezca.
Saludos amistosos.
"Cómo pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no lo has sabido guardar", decía La Rochefoucauld.
Uno cuando se abre a alguien se expone a que ese alguien nos haga una mala pasada. Por eso es importante conocer a las personas, antes de hacer una confidencia.
Tú cuentas con una ventaja. Los ángeles no tienen secretos o si los tienen, que seguramente serán pequeños, sabrán siempre cómo contarlos y a quién ¿Es así?
Un beso
Muy buen post.
Se hace necesario cantar las penas, pero ¿con quién?... Tú lo explicas perfectamente.
Me volví desconfiado, de mi alrededor desconfío de todo el mundo. También desconfío cuando no puedo ver los ojos de mi interlocutor, para mi su expresión al hablar lo dice todo. Y tengo mis razones, y de peso.
Siempre fui reservado para mis penas. Aunque últimamente, debido a los acontecimientos, cuando doy con alguien, me paso, me pongo de un llorón, jajaja... y llego a pecar de lo que tu bien dices en el post. Ahora bien, sigo siempre reservándome algo, no lo cuento todo.
Lo cierto, es que si el ambiente es agradable normalmente acabo riéndome de mis penas...
Besos
Pasarse mucho tiempo contando las penas propias es señal de tener una vida muy triste (ó de verla de esa manera, que también puede ser). Cambia el modo de ver la vida, afronta cada dificultad como un pequeño reto y te darás cuenta de que podrías llegar incluso a no necesitar acudir a confidencialidades.
Como bien dices, "a menudo, al desahogarnos sólo buscamos aprobación y justificación". En la medida en que vayamos siendo nuestros propios jueces (y de nadie más), seamos responsables de nuestros propios actos y nuestras decisiones, confiemos más en nosotros mismos y en nuestros propios recursos; a medida en que la opinión de los demás tan sólo nos sirva como posible referente ante situaciones que muchas veces ni nos damos cuenta de ellas, en lugar de tomarlas como juicios por los que sentirnos mal, la confidencialidad acabará siendo cada vez más innecesaria.
Por último, a medida que nuestras confidencialidades vayan dirigidas hacia su protagonista, sabiendo que podemos estar equivocados, nos iremos sintiendo mejor, ya que significará que estamos afrontando cada situación desde enfrente, cara a cara. De esta manera, si alguien te da la espalda, puede que el problema no sea tuyo. Puede que incluso sea mejor perder a esa persona.