Cuando los intereses y necesidades son incompatibles o incluso opuestos a las de las otras personas, se dice que existe un conflicto. Para resolverlo eficazmente es importante no cometer una serie de errores típicos, que son totalmente opuestos a la resolución eficaz de los problemas.

No escuchar a la otra persona, llegando a interrumpirla. Si quieres que te escuchen es importante que también lo hagas.

Acusar al otro y/o amenazarle. Esto sólo contribuye a aumentar la tensión entre ambos.

Decirle a la otra persona lo que debería hacer. A nadie le gusta que le manden.

Reprochar la conducta del otro. Es mejor decir lo que a uno le hace sentir la conducta de los demás que meterse directamente con ésta.

Creer saber qué es lo que está pensando el otro en todo momento. Es un error muy típico, que reduce muchísimo la comunicación y la escucha.

Mantener una posición inamovible. Cerrarse en banda, sin discutir los intereses y necesidades de cada parte de la contienda. Así se reducen al mínimo las posibilidades de que un conflicto sea resuelto.

Aprovechar para discutir y reprochar hechos pasados. Hay que mirar siempre hacia delante a la hora de resolver un problema.

No ponerse en el lugar del otro. Es importantísimo intentar entender a la otra persona para conjuntamente buscar soluciones al problema.