Las emociones son las música de fondo de nuestra vida. Sin ellas, sencillamente, no podríamos diferenciar un terremoto de una noche de juerga. Desde que nos dormimos estamos percibiendo lo que ocurre a nuestro alrededor, y esa información de los sentidos es procesada por nuestro cerebro junto a las emociones. Por lo tanto, las emociones son, en primer lugar, nuestra herramienta básica para la orientación.
LAS EMOCIONES forman parte de nuestro patrimonio genético para la supervivencia de nuestra especie. El miedo, por ejemplo, es la emoción que nos informa del peligro y evita que metamos por segunda vez los dedos en el enchufe, ya que la primera descarga fue suficiente para que asociemos la acción con el dolor.
Cada experiencia de la vida tiene un componente emocional, además de otras cosas: imágenes, palabras, olores...Pero la emoción es lo que le da una cualidad especial, un tono sin el cual la vida no tendría sentido, ya que lo que que le da sentido, valga la redundancia, es lo que sentimos en cada momento.
Importa también la intensidad con que experimentamos las emociones. El exceso nos impide pensar y nos lleva a actuar de modo irracional; la falta nos priva de un contenido esencial para acertar en la acción. La regulación emocional nos permite equilibrar los componentes racionales y emocionales en la manera de actuar. Este equilibrio constituye una parte básica de la formación del carácter que se desarrolla en la infancia y que sigue evolucionando toda la vida.NUESTRO ENTORNO cultural idealiza y valora en exceso la frialdad y el control de las emociones. Tendemos a considerar débiles a quienes manifiestan sus emociones.
Pero esa ignorancia de lo sentido, el enfriamiento en las relaciones interpersonales, la falta de comunicación emocional en la familia, genera "analfabetos emocionales".
LA REPRESIÓN,lejos de favorecer la regulación y el equilibrio, promueve las irrumpciones emocionales menos controladas. Las actuaciones iracundas, los ataques de pánico, la banalización de la violencia, las diferentes formas de acoso son evidencias de alteraciones emocionales cuyo origen está en la incapacidad para reconocer y manejar nuestras emociones.
SÓCRATES ACONSEJABAa sus discípulos: "Conócete a ti mismo". Se refería a identificar nuestras emociones, nuestros sentimientos, como el primer paso necesario para modular nuestra conducta. Si no reconocemos nuestras emociones cuando tienen una intensidad manejable, acabarán inundándonos. Como indica la propia palabra, toda "e-moción" es un impulso para la acción. Y lo es de un modo fisiológico, puesto que prepara al cuerpo par una respuesta física.