Cuando estamos a gusto con alguien, tendemos a acariarnos brazos y antebrazos, mientras que si nuestros sentimientos hacia esa persona son ambivalentes, lo que notamos son "micropicores". Según Philippe Turchet, especialista en Sinergología (lectura del lenguaje no verbal), cuando no asumimos nuestra necesidad emocional de abrirnos a esa persona, nos "pica". Por eso, la próxima vez que hables con esa persona que tanto te gusta, fígate bien si se acaricia o se rasca el brazo. Presta atención también a si lo hace con las muñecas abiertas hacia ti. Si es así, no te lo pienses dos veces y ¡lánzate!