Las parejas de las personas que sólo entienden el amor como una dependencia suelen tener un perfil común: tendencia a la soberbia, el egocentrismo y la pretensión de ser diferentes y especiales.
Su personalidad es dominante, les gusta que les halaguen y tienen cierto encanto personal que muestran a través de excentricidades, sentido del humor o algunas dosis de ingenio.
El dependiente idealiza a su pareja, otorgándole cualidades extraordinarias que no existen en realidad o que ellos exageran.
Esta admiración no es compartida por las personas del entorno de la pareja, sino más bien al contrario. La pareja del dependiente suele entrar en conflilcto con los demás hasta el punto de quedarse solo, teniendo por único admirador al dependiente.
Generalmente son personas narcisistas, con una elevada autoestima que les lleva a excesos de confianza en sí mismos, creyéndose distintos y mejores que los demás. si su entorno no reconoce las cualidades que ellos creen tener, piensan que no los entienden o no los valoran debidamente.
Normalmente no tienen un afecto sincero hacia los demás pero tampoco desean su cariño, sólo su sometimiento y admiración.
Por ello los dependientes emocionales suelen ser sus víctimas perfectas, porque están dispuestos a entregarse totalmente y a idealizarles sin límite.
Para conseguir tener ese sentimiento de superioridad utilizan el menosprecio a los demás y obtienen la admiración de su entorno mediante una aparente simpatía, encanto y seducción.